La lunotipia. Tipografía digital, TeX y cafeína

Tipografía griega y comillas

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Tres muestras de ediciones críticas: de Oxford, de la colección Budé (Les Belles Lettres) y de Teubner. Gran Bretaña, Francia y Alemania. Con sus estilos tan reconocibles, estas tres editoriales representan el canon para la confección de una edición crítica, no sólo en el ámbito académico sino también en el tipográfico. Y sobre este último, precisamente, me apetece dejar aquí un pequeño comentario.

De la composición que asoma en los tres ejemplos, qué decir que no sean alabanzas hacia esos buenos tiempos cuando el mundo tenía tipógrafos sabios y el humanismo de la producción editorial no había claudicado bajo la ameba amorfa del «diseño gráfico». Pero también en las tres es bien visible una anomalía. Entiéndase: no es que los cajistas cometieran un despiste, pues su trabajo es impoluto. La alarma vendría más bien del lado de lo que podríamos llamar tipografía perversa. O un ejemplo de cómo en un mundo tan aparentemente neutro como el de la imprenta pueden colarse ciertos vicios culturales.

Si se fijan, la edición oxoniense emplea las comillas altas, que son las correctas para el inglés. La francesa, las comillas latinas con el espaciado (para comillas e incluso signos de puntuación) que es preceptivo del francés impreso. Y la alemana, las habituales comillas teutonas bajas/altas. En los tres casos son las comillas correctas para el país donde se publica cada edición. Salvo que el texto editado está en griego. Da la sensación de que para el editor inglés, francés o germano el griego no tiene tradición tipográfica que respetar y ha de asimilarse sin más miramientos a la lengua anfitriona. O fagocitadora. Podemos pensar que la obra no es del autor griego de la antigüedad en el fondo, sino del estudioso filólogo que la anota y que, además, orquesta todos los comentarios eruditos que el tiempo ha ido depositando sobre ella. Y no deja de ser cierto, lo cual también es inquietante. Pero habría que ver cómo se tomarían británicos, franceses o alemanes el ver a Shakespeare, a Molière o a Rilke editados por esos anchos y variados mundos de Dios con comillas foráneas e intrusas a su tradición tipográfica. En cualquier caso, lo que no deja de estar patente aquí, a mi juicio, es una versión portátil del habitual paternalismo colonizador que el (digamos) occidente culto ha venido adoptando hacia Grecia. El lema sería algo así como lo griego sin Grecia o, mejor aún, sin griegos.

Es innegable lo mucho y bueno que los impresores y tipógrafos de ese culto occidente han hecho por el sistema de escritura griego, ya desde el Renacimiento y los Grecs du Roi del gran Claude Garamond, quien se inspiró, por otra parte, en la cursiva de volutas bizantinas que traían los peritos escribas migrados de Grecia. A la vuelta de los siglos, la influencia fue recíproca, y es así que en Grecia se acabaron adoptando los tipos fundidos por otro francés, Firmin Didot, como una tipografía casi autóctona y nacional. Y los libros compuestos en estilo aplá (= «simple»), como se conoce en la tradición impresora griega la composición en Didot, llegaron a ser un rasgo distintivo que, aún hoy y por fortuna, sigue vigente allí, a pesar de la cada vez más omnipresente Times, para lo bueno y lo malo, todo hay que decirlo.

La tipografía griega, en suma, está viva al igual que los griegos; y con ella, sus propias normas ortotipográficas para la escritura griega, que deben respetarse no sólo en los libros impresos en Grecia sino en cualquier otra parte donde se imprima un texto griego. Y eso también es extensible a lugares como Oxford, París o Leipzig. De modo que si queremos practicar una correcta observancia de tales normas, en lo que a las comillas respecta tendremos que hacer uso de las comillas latinas «», como en español o francés, pero sin el espaciado de éste.

(Estrambote) Por cierto, las comillas latinas en la tipografía Didot no tienen esas esquinas agudas y cortantes que se ven en otras fuentes. Sus trazos son de una rara sensualidad, como una caricia tímida a lo que encierran y acaso no quieren encerrar: corteses y elegantes para algo tan «impertinente» como son las comillas.

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Publicado: 02/11/19

Última actualización: 05/11/20


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